viernes, 4 de julio de 2008

2

El caballo deja el temor
para más adelante.
Al caballo no le asusta
el campo abierto,
el monte,
las estrellas de noche.

Me subí a este caballo
para no volver
y para no llegar.
Él lo sabe y por eso

Galopa
Galopa
Galopa

En el fondo no hay nada.
Ahora:
viento frío,
su piel y la mía
roce rotundo, perfecto.

No aceptamos más que
un mar en el final,
sonido de olas calcado
de otros mares,
de otras olas.

No aceptamos más que nuestro encuentro
y este viento sobre la cara.

3 comentarios:

Gabriel dijo...

vero, me encanta este poema!
nos estamos viendo, besos.

La Mangosta dijo...

Re lindo, Vero! Me encantó!
Besos

MAx dijo...

¡Que bueno que hayas creado este espacio! Siempre quise poder leer cosas tuyas, y obviamente no me defraudaste. De veras que me gustan estos poemas. ¡Queremos más!
Besos,
Maxi (alias cup)