jueves 10 de noviembre de 2011

Así, ya ves, la manzana cae a veces sobre la tierra y es como un golpe sordo entre los canales, un afelpado llamado de la gravedad, un plaf allí donde antes había polvo del canal, la huella inexacta de un hombre bajo el sol del verano, el murmullo de una copla del Ebro que alguien, oculto por los manzanos, tararea.

Y basta un oído para que el sonido exista, y el perro está ahí, alerta, y nadie sabe que ladra porque la manzana ha caído. El campesino en bicicleta advierte el hambre del perro, su sarna. Lejos de su pensamiento el detener el rumbo, desabrochar su mochila para arrojarle un pedazo de pan. El perro ha ladrado. Los animales oyen también con el tacto, y sus garras han percibido el rumor de la tierra, el sonido de la manzana que cae.

Gastón Navarro - Verónica Yattah




martes 26 de julio de 2011

Como la serpiente
mudar la piel.
Ya no frotaré por estas ramas
mi follaje.
Como la serpiente,
sí,
y como la liebre,
corriendo nueva
y a otros pastos.

martes 5 de julio de 2011

Arnaldo Calveyra - fragmento de Maizal del gregoriano

Bajo esa misma lluvia hombre callado. A quien mirar llover vuelve silencio. Entra la lluvia por una luz de puerta al abrirse, por esa luz llega al patio y al hombre le parece avanzar por entre una luz mojada, hombre de una sola lluvia. De quedar más cerca esa puerta y de no ser de noche asistirías, peregrino en busca de silencio, al regreso del hijo pródigo. Parada a la entrada de la cueva, una vizcacha le madruga a la madrugada.
Calado bajo esa lluvia que le llega del pasado. A medida que avanza de memoria hacia ese lugar, avanza por un pasado de lluvia. Hombre a quien mirar llover vuelve silencio, el cielo una canilla averiada es el entierro de Mozart. Lluvia callada, se calla la tierra, el hombre mira alejarse los árboles desaparecer los árboles.
Permanece en la lluvia atenta. Por su luz, hombre callado por su luz callada. En quien los recuerdos se vuelven lluvia ni bien se da vuelta para evitar unas ramas caídas. Mira avecindarse unos árboles. Callada la lluvia, callado el hombre que por ella avanza, lluvia de su memoria que lo moja.
Llueve, la lluvia ciega que llega del fondo de los campos empapa al hombre en su caminata. Empujado por sus propias nubes, hombre ya mitad nube. Va quieto. ¿Qué nubes podrán ser esas nubes?, ¿qué pájaros se ocultan detrás de ellas? Horizonte del alto de la lluvia.
Horizonte del alto de la lluvia, estragado por las arboledas del diluvio por donde avanza, llega del pasado de la lluvia y siempre la misma. Permanece el hombre a la puerta de su rancho y, mientras, se pasea por el campo.
Luz de lluvia en Entre Ríos. Para el hombre parado a la puerta de su rancho llega de otrora, gustosas las plantas la reciben, llamita trémula se agranda ni bien asoma del suelo, se vuelve azul el caballo en esa luz de esponja. El hombre se acerca a saludarla junto al alambrado y todo Entre Ríos es llover, es una sola lluvia. Parece reclinarse un poquito más en los bordes de los charcos. El horizonte no cierra.
Llueve añares (en la plata de antes). El pasado llega con lluvia. Palabra lejos, con ella asoma. Son de alguna, de ninguna parte los años. Aparece desaparece como en un espejismo la distancia.
Desfile de los años. De agua el horizonte. Azul el caballo que quedó parado en mitad del campo. Mirar se vuelve agua, vuelve de agua las parvas, los bultos en la distancia. Lluvia, te agrandas al llegar al horizonte, ¿juegas al boquete de cielo?
Luz de lluvia en Entre Ríos, hacerse de un azul los cañaverales de junto al pozo. Luz de lluvia en Entre Ríos, sueñan azul los cañaverales de junto al pozo. Lluvia avecindada a ríos, próximo a los bordes del pantano. Azul el caballo en la cerrazón. Un poquito más próximo el pasado, sueña azul, sueña con caballo de color azul.
El hombre sale del rancho a contemplar las nubes. Entre los pastizales, a golpecitos blandos, los primeros goterones, hombre despertado por su propia lluvia. Dios hecho de hombre, de hombre solo por el campo anochecido de la mañana. Avanza entre los teros que se guarecen entre los pastos, la perdiz se hizo perdiz, avanza por la lluvia como animal por los rincones de la madriguera. Avanza por lo mismo de hombre. Callada la lluvia y callada la tierra. Hombre que se fuera llamado a silencio.

viernes 27 de mayo de 2011

La frase

Su collar, el abrigo de lana, el reloj: apenas tres cosas que sin embargo quiero conmigo. Mamá acaba de irse y ahora llegan las firmas, el dinero, la cuestión del cuerpo. Mi hermano en otra parte del mundo tomará un avión, pero es ahora cuando se acerca la enfermera con la bolsa. Toda una vida en la bolsa de plástico: la frase aparece al mismo tiempo que la enfermera y su cara de pena. Entonces será bello incluirla en un poema, o tal vez en un cuento, aunque resulta difícil encontrar principio, nudo y final en todo esto. Llevo las cosas y es como llevar a mamá en sus cosas. Es devolverle su niñez, su derecho a ser cargada al menos por un rato sin saber hacia dónde.

lunes 21 de febrero de 2011

El derrumbe

La casa de al lado se derrumbó. Nos quedamos mirando cómo las maderas se iban cayendo junto con el fuego. Vimos desaparecer la cama, las mantas, los retratos. Ellos se abrazaban y miraban que sus cosas ya no eran. Nosotros nos quedamos quietos, sin alcanzar manguera ni palabras de aliento.
Qué será de nuestros vecinos. Después del incendio se mudaron y no volvimos a verlos. Hoy nos vendría bien saber a dónde fueron o qué hicieron, porque se asoma una llama en el techo. Sí; es una llama enorme lo que estamos viendo y también nosotros tememos el derrumbe.

viernes 19 de noviembre de 2010

Planta Baja

Es mejor seguir leyendo,
no hacer caso a los ruidos del martillo
que tratan de convencerme de que la realidad es una y está allá afuera.
La mujer del perro pasa cerca de la ventana y trato de no asomarme cuando mira.
Le gusta mirar a la mujer, no le da verguenza darse vuelta y mirar,
a pesar de que su perro tire de la soga. Es un perro de cuidad que conoce de límites y prefiere evitar el golpe.

¿Salir a dónde sin ella? ¿A ver qué cosa?
Los papeles como enredaderas me inundan poco a poco, profusos como enredaderas de un jardín abandonado. Tal vez por eso se queden mirando los que pasan.
Reescribo en papeles las fotos ajadas, y ahora veo que en su sonrisa había algo más. Algo así como un consuelo. Con su sonrisa me pedía que no fuera incrédulo, que nada dura. Y recién hoy puedo escribirlo, recíen hoy.