miércoles, 20 de enero de 2010

20

No nos molesta
el ruido de las copas,
de los platos rompiéndose
ni la música
que tapa las palabras.

Mueve los labios
y la miro.
Juego a que la escucho
mientras le miro la piel,
los ojos,
el modo en que observa
la vereda mojada.

Cuando llega el silencio
no nos molesta
ni los ruidos
ni saber que dejamos el mar
tan lejos.

2 comentarios:

Florencia Malena dijo...

Que se quede el infinito sin estrellas o que pierda el ancho mar su inmensidad...

SAITAM dijo...

Leí esta poesía y recordé al instante una situación personal: amor incipiente.

Muy linda poesía.