La casa de al lado se derrumbó. Nos quedamos mirando cómo las maderas se iban cayendo junto con el fuego. Vimos desaparecer la cama, las mantas, los retratos. Ellos se abrazaban y miraban que sus cosas ya no eran. Nosotros nos quedamos quietos, sin alcanzar manguera ni palabras de aliento.
Qué será de nuestros vecinos. Después del incendio se mudaron y no volvimos a verlos. Hoy nos vendría bien saber a dónde fueron o qué hicieron, porque se asoma una llama en el techo. Sí; es una llama enorme lo que estamos viendo y también nosotros tememos el derrumbe.
Qué será de nuestros vecinos. Después del incendio se mudaron y no volvimos a verlos. Hoy nos vendría bien saber a dónde fueron o qué hicieron, porque se asoma una llama en el techo. Sí; es una llama enorme lo que estamos viendo y también nosotros tememos el derrumbe.

2 comentarios:
Todos lo tememos. Muy lindas palabras.
...y caemos en la peligrosa dualidad de la contemplación: el miedo no permite avanzar, el éxtasis no permite retroceder, y abrimos nuestros ojazos como proyectándolos a la acción. por supuesto, no hemos hecho nada: la casa se sigue derrumbando y seguimos pensando si realmente la queremos salvar o si no nos vendría bien que se destruya.
(thanks to: Nietzsche)
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